Horas...
Cada día, cada hora que pasaba y cada minuto, se escurría entre sus dedos. Se miraba en sus fotos viejas, con él, y se acordaba del pasado mientras el tiempo corría.
¡Malditos álbumes!¿Por qué existían?su vida, dolorida lloraba mientras pasaba por la extragulación del reloj el último grano de arena.
Iba escapándose de su presente, a la vez veía sus últimas canas escondiéndose tras de su oreja y sus últimos alientos escabuyéndose tras el aire tirano del día.
Tan solo una visión, producida por sus lágrimas, la hizo sonreir, el mar.
Ese mar que había acogido sus cuerpos esa tarde de verano, mientras las prescencias se habían ido, y sólo sus pieles cabalgaban con la arena llena de olas.
La picardía de la que sóo habían sido testigo las nubes, la pasíon con la que estremecieron al agua, y tan solo el tormento de un amor llenaban ahora su mente.
Era sólo el recuerdo el que la torturaba mientras el tiempo seguía pasando y sus heridas abiertas, a pesar delhorror de su última relación a pesar de los años seguían siendo su cruz eterna, la culpa perseguía su tranquilidad.
Una y otra vez recordaba cómo la sangre resbalaba por su cuello y los vestigios de sus latidos cada vez tenían menos importancia.¿Era pudor lo que surgía de sus mejillas? No, era tan solo esa maldita sed que la habia hecho desangrar a quien había amado: ahora debía amarrar su destino a su inconciencia.
Un segundo, solo un segundo y todo acabaría. Su sangre sería el punto final de su firma, la pata de la mesa, la última gota del vaso. La última semilla desperdiciada del último árbol del paraíso.
Tic-tac, tic-tac, sus manos temblaban ante la decisión final. El tiempo se detiene.
Entre silencios, el estruendo se escucha mientras la última esperanza del universo se ahorca en la ajuga de las horas. y decide desaparecer, llevándose su destino para siempre.


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